Intriga en Nebalich (Parte 2)

Nuestros aventureros se encontraban en medio de una lucha a muerte con Everah, la líder de un grupo de bandidos que se oculta en las alcantarillas de Nebalich, cuando repentinamente los agentes de la Guardia Real irrumpieron en la escena sin ánimos de conversar. Cinco gladios armados con mazas electrificadas y un nano-hechicero flotante estaban diezmando a los bandidos y avanzando hacia la guarida. Habían seguido a los incautos aventureros y venían a borrar todo rastro de Everah, incluyendo a aquellos que la hubiesen visto o hablado alguna vez con ella.

Everah tiene una mente calculadora. Al ver esta nueva amenaza, y conociendo las intenciones de la Guardia Real, no ve otra salida que pedir ayuda a sus atacantes. Sabe que si luchan entre sí, será fácil para los guardias aniquilar a quienes queden en pie.

Antes que los aventureros tratasen de atacarla de nuevo, Everah exclama- ¡Alto! ¡Ustedes deben ayudarnos! -Haciendo una pausa, les advierte- ¡Esos guardias no se detendrán hasta que estemos todos muertos!

Los aventureros se quedan perplejos un momento sin saber cómo actuar. Algo parecía estar fuera de lugar. La gran guerrera parecía estar perdonándoles la vida, y la destrucción causada por el nano hechicero afuera no tenía ningún viso de legalidad. Phoenix sabe quién es quién en la ciudad, y no tarda en darse cuenta de que estos agentes no se traen nada bueno entre manos. Manos de Fuego tiene fuertes dudas acerca de este repentino cambio de actitud de su contrincante.

¿Por qué ayudar a un grupo de bandidos? -Pregunta Manos de Fuego a su compañera- ¿Deberíamos creer en la ley o en estos forajidos que se esconden en las alcantarillas?

Al ver la verdad en estas palabras, Chica Aguada evalúa el problema. Sin embargo, algo le dice que deberían al menos escuchar la versión de Everah antes de decidir en qué bando conviene estar.

Decidiendo que no tiene mucho qué perder, le pregunta- ¿Por qué deberíamos ayudarte? -Everah se levanta mientras se seca un poco de sangre que salía de su nariz- ¡Ustedes son unos forajidos y deben responder ante la ley! -continuó Aguada.

Everah mira hacia afuera y comienza a señalar con un dedo hacia el pasillo- ¿Tú crees que ellos representan a la ley? -Y bajando un poco la voz, agrega- ¡Ellos fueron enviados por el Prego de Sincros tras ustedes¡ -Una media sonrisa de condescendencia se dibujó en su rostro- Los usaron como una simple distracción y ahora son un mero estorbo. Esa gente no tiene ningún respeto por las vidas de nadie.

Esto lanzó una nueva sombra de duda en las mentes de Phoenix y Aguada. Los guardias afuera no parecen estar preguntando nombres antes de matar, y Everah no tenía por qué haberles perdonado la vida. Aguada se decide- ¡Está bien¡ -Pero endurece la voz mientras dice- Te ayudaremos a salir de esta ¡Pero nos tienes que contar qué está pasando en esta ciudad!

Everah accede y recobra ánimos, pero sabe que los agentes son demasiado para una lucha frontal. Entonces recuerda que hay otra salida: un teletransportador que los puede sacar instantáneamente del lugar. Sin embargo, el artefacto se encuentra dañado, y necesitará la ayuda de alguien con conocimientos sobre la numenera para hacerlo funcionar.

¡Manos de Fuego¡ -le ordena al nano, quien escuchaba la conversación pero mantenía su mente ocupada en otras cosas- ¡Haz funcionar el teletransportador para podernos ir!

El nano, quien parecía no haber escuchado nada de la conversación anterior, la mira perplejo y responde- ¡No voy a ayudarla! -Volteándose hacia Chica Aguada, agrega- ¡Ella es una criminal!

La iso resopla, sabe que su compañero es un nano excepcional pero algo distraído. No hay tiempo de volverle a explicar así que le grita- ¡Es nuestra única oportunidad! -Y casi suplicante le dice- ¿Puedes arreglar el portal y sacarnos a todos de aquí?

Al ver que el nano reacciona y comienza a echarle un vistazo al viejo portal, Everah lanza una pequeña caja metálica a la entrada del pasillo. Ésta produce una especie de pantalla holográfica incorpórea que no permite que alguien afuera vea lo que sucede en la habitación. Chica Aguada nunca había visto un dispositivo semejante y se pregunta si es una barrera de algún tipo, pero al ver que Phoenix y varios bandidos la atraviesan para ir a la batalla, comprende que sólo es una ilusión.

Una vez afuera, el arco de Phoenix comenzó a cantar. Sus flechas daban en el blanco, pero las gruesas armaduras de los gladios eran difíciles de penetrar. Los bandidos hacían lo que podían con sus crudas navajas, pero los gladios reales lograban alcanzarlos con sus largas mazas antes de ser tocados. Chica Aguada corrió también hacia la densa batalla para darle un poco más de tiempo a Manos de Fuego. Atravesó el pasillo, avanzó sobre los cuerpos de bandidos caídos y blandió su látigo contra el gladio más cercano azotándolo y haciéndolo retroceder.

La batalla estaba demasiado reñida, pero la ventaja era clara para la guardia real. Un gladio hizo uso de algún dispositivo, tal vez de desfase o manipulación temporal, y desapareció de la vista de todos en una ráfaga de brillo metálico. En menos de un segundo había rebanado los cuellos de 3 bandidos y reaparecía justo en medio de la batalla antes que sus enemigos tocaran el piso. Justo detrás, el nano avanzaba levitando con las manos en alto. Rayos eléctricos azules salían de sus dedos y carbonizaban a los bandidos o los hacían saltar por el aire. Phoenix apuntó a la cabeza del hechicero y lanzó una certera flecha, pero a los pocos centímetros de impactar la flecha cambió violentamente de dirección hacia el techo. El nano no podía ser alcanzado por objetos metálicos y eso complicaba mucho las cosas.

Manos de fuego trabajaba en la máquina con ahínco. Sus conocimientos de la numenera le ayudaban a navegar por la maraña de cables y componentes del teletransportador, pero el ruido de la batalla dificultaba su concentración. Por un momento, el marco del portal se iluminó con energía eléctrica y Everah, al verse esperanzada, da la orden de retirada hacia el aparato. Phoenix y Chica Aguada se repliegan hacia el estrecho pasillo de la entrada y comienzan a retroceder. Atraviesan la pantalla holográfica, pero al llegar a la habitación el portal vuelve a perder potencia causando desesperación en todos.

¡Manos de Fuego! ¡El portal! -gritó Chica Aguada- ¡Se acercan los agentes!

Afuera, la guardia real acababa con el último de los bandidos que quedaba en pie, y ahora se dirigían al pasillo por donde habían escapado las aventureras. El holograma que estaba al final del corredor no les permitía ver la habitación, evitándoles la posibilidad de obtener un blanco. Así que avanzaron todos por el estrecho pasillo sin mucha prisa. Los aventureros sí podían ver a los agentes avanzando hacia ellos y no les agradaba la visión. Phoenix comenzó a disparar a través del holograma, pero el campo magnético del nano desviaba todos sus proyectiles. Aguada, en su desesperación, reunió toda su fuerza de voluntad para enfocar su mente en el grupo de enemigos. A riesgo de perder el conocimiento por el esfuerzo, envió una potente pulsación de energía mental a través del pasadizo que expulsó violentamente a los agentes del corredor, haciéndolos caer de espaldas en las húmedas catacumbas. Justo en ese instante, un zumbido eléctrico inunda la habitación. Manos de Fuego había logrado activar el portal.

¡Retirada! -gritó Everah de nuevo, esta vez convencida de que sí podrían escapar.

Los aventureros se internaron inmediatamente por el portal y éste se apagó con un chispazo, indicando que ya no era posible volverlo a hacer funcionar. Los agentes se fueron con las manos vacías, pero ya habían visto las caras de los aventureros.

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